Wednesday, September 14, 2005

Por: Carlos Diaz
Bloggmaster


¡Cuánto te amo, Señor, fuerza mía!, El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite! Salmos 18:1,2 (NVI)

Era un día viernes por la tarde, terminando ya mi trabajo y actividades.
Mientras terminaba algunas tareas entra a mi oficina el Alcalde de la comuna, quien luego de una larga charla, nos pide información relevante a nuestro trabajo que pueda mejorar y dar mejor calidad de atención a la comunidad.
Muy entusiasmados, comence a exponerles todas las ideas que habiamos planificado, y el alcalde muy contento nos informa que le ha gustado mucho lo expuesto y desea mas información por escrito en su oficina.

El alcalde se retira, y nuestros ojos se llenan de felicidad, el Señor en su amor nos había dado palabras y todo resultaba bien, pero en la vida siempre existen obstaculos por superar, que nos dan la oportunidad de crecer y fortalecer los musculos de la fe.

Unos momentos mas tarde, mi jefe directo, el Director del Departamento, nos solicita en forma urgente que nos presentemos en su oficina, casi me retiraba cuando me avisan, asi que me dispuse dirigirme a la oficina del jefe. Lo que yo no sabía era que el Alcalde, luego de hablar conmigo, fue directamente a hablar con mi jefe por lo que yo le había comentado.

Cuando llegue ha hablar con mi jefe, el se encontraba muy enojado, porque según el, debía haber hablado con el antes que con el Alcalde referente a los planes que yo le expuse. Lo que no recordaba mi jefe es que reunión tras reunión que tenía con el, le proponia mis ideas, y no me las tomaba en cuenta, ahora, que alguien superior las había eschuchado y le habían gustado, estaba enojado porque a él le hubiera gustado decirle al Alcalde de estas ideas, no yo, como dijo el "una persona insignificante".

En esos momentos de enojo, gracias a Dios me pude mantener tranquilo, aun cuando mi jefe deseaba echarme del trabajo, dandome la advertencia de que "el hilo siempre se corta por lo más delgado".

Retirado ya del lugar, me sentía insignificante, derrotado por las circunstancias, con miedo al futuro, pero Dios en su misericordia me hizo recordar unas palabras hermosas de una sierva del Señor: "No tienes nada que temer del futuro, ha menos que olvides como Dios te ha guiado en el pasado".

Luego de esto no hice mas que caer de rodillas y clamar al Señor y darle gracias por que a pesar de lo "insignificante que nos podemos sentir, o nos puedan hacer sentir", existe un Dios que nos hace mas sublimes que los cielos en el nombre de nuestro amado Jesús, quien nos ama y desea seamos prosperados en todas las cosas.

Al finalizar el mes del episodio más dificil de mi trabajo, me informan que el Director del Departamento ya no trabajará mas y que ha sido despedido. Hubieran visto mi cara de felicidad, "Cuánto te amo, Señor, fuerza mía!, El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador", me ha librado de mis enemigos y me ha dado paz.


Queridos amigos y conquistadores, la vida muchas veces nos tiene sorpresas que nos angustian y entristecen, pero siempre estemos confiados y seguros en el poder de nuestro Señor, aun cuando todos piensen que eres el hilo mas delgado, no temas, por que Dios lo hace mas resistente que la tela de una araña, y mas duradero que el pelo de tu cabello. Amados, confien siempre en el Señor, y el siempre les concedera las peticiones de su corazón.


Que el Señor les Bendiga